Posteado por: José Carlos Serrano Vargas | abril 1, 2010

La problemática de los niños de la calle y su probable evolución hacia la delincuencia.

En nuestro país, como en muchos otros, nuestras ciudades han integrado a su paisaje un “nuevo” elemento que de tan cotidiano, ya nos pasa inadvertido; este elemento es el fenómeno de los niños de la calle. Habitan en las alcantarillas, duermen en la calle, aparecen en cada esquina y nos limpian nuestros parabrisas aunque no queramos; algunos han desarrollado habilidades de faquir y se acuestan en vidrios o escupen fuego; otros se visten de payasos mientras bailan una música inexistente. Es también común verlos pidiendo dinero en la calle, drogándose o acostados inconscientes en una banqueta.

A veces da pena el grado de insensibilidad que ha alcanzado nuestra especie, ya que podemos ver en la calle a un niño de escasos 5 ó 6 de años de edad, sucio, harapiento y llorando sin que nos produzca el menor malestar; mucha gente pasa junto a ellos sintiendo desprecio y repugnancia; sin embargo, a mucha de esa gente cuando ve cachorros de perros, gatos o crías de otra especie se llenan de ternura y sienten deseos de protegerlos.

Todo niño, si sobrevive a la infancia, algún día llegará a ser adulto, mientras que todo adulto alguna vez fue niño. Según Víctor Frank, autor del libro EL HOMBRE EN BUSCA DE SENTIDO, “la forma más segura de ser, es haber sido” y todos hemos sido niños alguna vez y sabemos aunque no lo recordemos, la inmensa sensación de desprotección que se siente cuando nos alejan de nuestra familia.

En la Ciudad de México, según el último censo llevado a cabo por el Gobierno de la Ciudad y la UNICEF, el cual se realizó en 1997, existían 14 mil niños en situación de calle; de ese total, alrededor de 3 mil eran niños de la calle; es decir, sin hogar a donde regresar, sin nadie que viera por ellos; el resto estaban en situación de calle; que corresponde a los niños que están todo el día en ella pero tienen un hogar al que regresan por la noche.

Actualmente se calcula que hay alrededor de 35 mil niños en situación de calle. De estos, 20 mil son niños de la calle de los cuales el 70% vienen del interior del país; los otros 15 mil tienen un alto riesgo de convertirse en niños de la calle.

Estos menores tienen varios problemas de salud, principalmente la fármaco dependencia, ya que suelen ser adictos a inhalantes, marihuana y alcohol; también son muy frecuentes las infecciones de transmisión sexual como el VIH/SIDA y la gonorrea; las infecciones gastrointestinales no se hacen esperar debido a que comen de la basura y junto con perros; suelen adquirir enfermedades en la piel y tener piojos, pulgas, garrapatas y demás bichos, además de que debido a que no han sido vacunados son muy vulnerables a diversas enfermedades.

Lamentablemente, no es sólo la pobreza extrema la que arroja a las calles a muchos de estos niños, sino también la violencia intra familiar que hace que los niños se sientan mucho más seguros en la calle que en sus propias casas.

La calle constituye un espacio alternativo para una gran cantidad de niños ante la precaria situación en que viven con sus familias, lo cual los obliga a escoger entre una miseria sin libertad, como la que viven en su seudo hogar y una miseria con libertad, como la que se vive en la calle. Es común que el niño marginal opte por lo segundo.

El niño de la calle tiene varias formas de satisfacer sus necesidades, algunas de ellas no se encuentran dentro de las socialmente aceptadas, ya que ellos desarrollan una cultura paralela a la de nosotros y se rigen por sus propias reglas.

Es necesario recordar que las necesidades generan valores, los valores generan actitudes, las actitudes comportamientos y los comportamientos culturas. Por lo que una necesidad no satisfecha provoca la pérdida de valores socialmente aceptados, generando a su vez actitudes negativas y comportamientos antisociales.

Dentro de mi experiencia profesional, he tenido la suerte de trabajar con menores infractores y con niños de la calle, es por eso que me permito presentar a continuación algunos fragmentos de una entrevista de trabajo, a la cual por supuesto le he cambiado el nombre del entrevistado, con el fin de exponer la problemática desde una manera más directa y permitir que usted saque sus propias conclusiones.

“Tengo ante mí un expediente de más de 200 hojas, en él varias fotos de un niño a través de diversas edades. Es un niño muy moreno, de cara redonda, pelo lacio y parado y labios gruesos; sus fotos de perfil dejan ver una marcada protuberancia debido a lo grueso de sus labios, los cuales resaltan y parecen un pico de pato; comienzo a leer el expediente y dice:

Nombre: Jesús López Torres o Iván Pérez Jácome

Sobrenombre: “El pato”

Cuenta con dos actas de nacimiento debido a que fue registrado dos veces por distintas agrupaciones dedicadas a trabajar con niños de la calle, por lo que no se sabe a ciencia cierta su edad ni su nombre.

Pido al custodio que me traiga al menor a mi oficina para hacerle una entrevista y en breves momentos aparece un sujeto de aproximadamente 18 años, delgado, moreno y con manchas de anemia en la cara; entra y se instala en la silla que tengo enfrente y con aire jocoso me saluda:

-¿Qué pasó Lic.?

-Hola ¿cómo estas?

-Pues hay pasándola

-¿Cuál es tu nombre?

-Pato

-No, me refiero a tu apodo sino a tu verdadero nombre, dime ¿cómo te llamas?

-Pato, todos me dicen pato, siempre me han dicho así y si me dicen de otra forma siento que no me hablan a mí.

-Está bien Pato ¿Has tenido alguna visita familiar últimamente?

-No, yo no conocí a mis padres y fui abandonado en la calle a los 5 años.

-¿Recuerdas quién te abandonó en la calle?

-Sí, un señor al que yo le decía tío.

-¿Cómo fue que te abandonó?

-Me llevo de compras al centro y en una calle que no conocía me dijo que fuera a la tienda a comprar un refresco, me dio dinero y un envase vacío de coca cola. Me dijo dónde estaba la tienda y como irme. Como me gusta mucho el refresco, me emocioné y caminé las cuatro o cinco cuadras que me dijo; cuando regresé ya no estaba y me quedé sentado en la banqueta con mi refresco al lado hasta que se hizo de noche; una señora me vio llorando y me preguntó que me pasaba, le conté y me llevo a su casa. Al otro día me llevaron a la casa hogar donde viví tres años y después me fugué.

-¿Por qué te fugaste de la casa hogar? ¿Te trataban mal?

-No me fugué, pero ya no recuerdo por qué.

-¿Cómo sobrevivías en la calle cuando tenías 8 años?.

-Al principio era fácil que me dieran un taco en las casas y me regalaran ropa, pero después conocí al “Panda” y al “Piojo” y me fui a vivir al “cantón” donde estaban. Era una casa abandonada cerca de la Alameda Central, alguien se colgó de la luz y hasta agua teníamos.

-El problema empezó cuando empecé a “hacerle al cemento” porque después ya nadie me daba un taco; no me dejaban hacer mandados ni entrar a las casas y negocios para sacar la basura.

-Entonces fue cuando me metí a robar a una casa y me cacharon en la cocina cuando me robaba varias cosas.

-¿Esa fue la primera vez que caíste en la correccional?

-Sí, pero estuve poco tiempo porque me sacaron los de una casa para niños de la calle.

-¿Qué edad tenías cuando te metieron por primera vez a la correccional?

-Más o menos 10 ó 11 años

-¿Por qué te saliste de la casa para niños de la calle?

-Porque ahí conocí a otros cuates que se dedicaban a atracar en la calle y me fui con ellos.

-¿Con ellos te agarraron en tu segundo ingreso? ¿Cómo fue?

-Sí, me agarraron en una farmacia, a mí me metieron por una ventana porque era el más chico y flaco; llegó la “tira” todos corrieron y me dejaron adentro.

-¿Qué edad tenías en tu segundo ingreso?

- Como 11 años.

-¿Cuánto tiempo estuviste libre después de salir de “la corre” por primera vez?

- Como 6 meses.

-¿Cuánto tiempo te quedaste adentro de “la corre” en tu segundo ingreso?

- 2 años.

-¿Cómo fue que saliste?

- Me ayudaron los educadores de calle.

-¿Por qué ingresaste a la correccional por tercera vez?

- Estaba drogándome con unos cuates más grandes, cuando uno de ellos asaltó a un trausente y después se echaron a correr; yo estaba tan drogado que me caí y me apañaron.

-¿Qué edad tenías?

- 14 años.

- ¿Cuánto tiempo te quedaste en tu tercer ingreso?

- Dos años y seis meses.

-¿De qué edad saliste de la correccional en tu tercer ingreso?

- A los 16.

- ¿Por qué ingresaste a correccional por cuarta vez?

- La verdad yo ya me acostumbre al ambiente en la “corre”, adentro tengo todo y afuera no tengo nada, así que hice como que robaba un carro, pero la neta yo ni sé manejar.

- ¿Cuánto tiempo llevas en tu cuarto ingreso?

- Año y medio; las autoridades de la “corre” ya no me quieren adentro, ya hasta hablé con ellos y les dije que si me dejaban adentro ya me la voy a llevar “relax”, pero no me quieren dejar.

- ¿No quieres salir? ¿No tienes ganas de hacer algo bueno de tu vida?

- La verdad sí, pero por ahora no tengo mucha prisa.”

Este caso, es sólo uno de los cientos que se presentan a diario en los Centros de Tratamiento para Menores Infractores, donde se hace visible las amplias posibilidades que tienen los niños de la calle de iniciar a temprana edad su carrera delictiva, después de todo ¿qué pueden perder si no tienen nada y dentro de la correccional están mejor que afuera?.

El problema de los niños de la calle es un problema social y por lo tanto nos incluye a todos, no podemos dar la espalda ante un problema de esta magnitud, en nuestras manos está hacer de nuestros niños buenos ciudadanos o delincuentes.

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